Fira de Santa Llúcia

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Esta es nuestra primera felicitación de navidad bloguera.

Ninguno de los doshabríamos pensado, aquella aburrida tarde de Julio, ahora hace cinco meses, que hoy estaríamos felicitando la Navidad a tantos amigos del Blog, de Twitter y de Facebook. Que hoy, después de ya cincuenta y tres entradas, estaríamos tan llenos de ilusión y satisfechos de un trabajo que vamos aprendiendo cada día.

Hace unos días nos juntamos con Blanca, una amiga, Directora de cuentas en Theroomrooms, y con la cámara a cuestas paseamos por el centro de Barcelona. Buscábamos un lugar, un escenario que nos llenara de Navidad. Es cierto que los centros de las grandes ciudades han ganado en luz y efectos publicitarios que son, cada año, más espectaculares, más visuales; pero no es menos cierto que también cada vez más, la iluminación y adornos navideños tienen un significado comercial. Están carentes de la despreocupada inocencia infantil de las navidades de antes.

Así íbamos paseando sin encontrar un rincón apropiado, hasta que de forma autómata, sin pensar en nuestros pasos, nos dirigimos hacia El Gòtic, escapando de La Avinguda de Portal de l’Àngel y su barullo de gente y tiendas de Inditex. La Navidad nos esperaba en la última esquina, girando a la izquierda. Allí, donde se encuentran el Carrer de Boters con el de la Palla y el Carrer del Bisbe, allí, la Fira de Santa Llúcia.

¡Claro!

No podíamos elegir un lugar mejor para hacer la fotografía y felicitaros las navidades.

La Fira de Santa Llúcia tiene un largo historial que se remonta como mínimo a 1876 y desde entonces ha mantenido la esencia original, aunque es cierto que interpretada por la perspectiva singular de cada momento histórico. Pero en el fondo, allí donde reside lo importante, sigue igual. Igual a aquellas primeras tablas donde los artesanos y vendedores y feriantes colocaban sus productos: sus figuras y complementos para el pesebre, abetos, ramas de la suerte, flores, cestos y centros para adorno, juguetes de madera, tejidos para el buen vestir de las mesas y de las casas, los instrumentos como las zambombas para cantar villancicos. Hoy mantiene aún esa esencia, esa originalidad que me devuelve cada año aquella impresión de cuando mis padres me llevaron por primera vez: aquellas luces, aquel olor a musgo y resina, aquellos dorados de estrellas y bolas de navidad…
Por eso, nada mejor como escenario para esta fotografía que un puesto artesanal de la Fira de Santa Llúcia.

Así que…

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!



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