Todos deberíamos tener un Paraíso.
Un Paraíso que revivir desde la memoria, para sentir siempre la eternidad de un
momento, de un color, de una brisa, de un olor… Cerdeña es una buena candidata.
Llegando desde el mar, su silueta
de contornos suaves, recortada en el horizonte, nos invita hospitalaria a
descubrir una isla, que por sus contrastes y riquezas merecería ser continente.
Para ello es buena opción viajar en coche, con un plano y la paciencia de un
tiempo infinito.
ALGHERO
Nos da la bienvenida el hermoso
casco antiguo, que hay que recorrer de noche, con la luz naranja del alumbrado
público, cuando la gente sale a pasear y ver tiendas, y entre el bullicio, en
el puerto deportivo, con sus yates y veleros enfrentados a la muralla, antiguo referente
de la Corona de Aragón, se encuentran tenderetes de artistas y artesanos. A poca
distancia, la naturaleza del Cabo Caccia.
El mar de fondo, los acantilados descendiendo hasta las calas y las nubes,
orgullosas y majestuosas llamando nuestra atención.
IGLESIAS
Al dirigirnos a Iglesias, encontramos una vía
panorámica, que ameniza los kilómetros, desde la que contemplar la espectacularidad
de la costa. Casi por sorpresa aparece Bossa,
perfecta composición pictórica. En lo alto las ruinas del Castillo de
Malaspina, antiguo refugio contra la piratería, y en contraste a su firmeza
pétrea, una sucesión de casas pintadas en colores pastel, estrechas y encaradas
al río Temo, que llegan justo a su
desembocadura. Dejamos atrás el yacimiento de Tharros, y encaramos las últimas curvas, acompañados por rebaños de
cabras y antiguas edificaciones mineras oxidadas. En Iglesias se extraían
minerales para el Imperio Romano, pero hoy en día las instalaciones están
abandonadas y asemejan decorados cinematográficos. Todo lo contrario
al centro, lleno de vida y pastelerías artesanales donde comprar biscottis que endulcen el viaje.
LACONI
La ruta, a través de valles de
densa vegetación de breznos, castaños y avellanos, con la presencia de las
montañas Gennargentu, con el trenino de vía estrecha que comunica Cagliari
con Sòrgono bordeando la carretera, y
con las muestras prehistóricas de la necrópolis
de S’Acqua Salida y los mágicos nuragues,
nos acerca a la máxima manifestación de la hospitalidad sarda. Laconi, sobre la cadena montañosa de Sacirdano, es un remanso donde encontrar
todas las tonalidades del verde, donde pasear por el parque urbano Aymerich, con sus ruinas del castillo medieval, y
donde charlar con la gente, a la puerta de casa, siempre con un licor de laurel
que ofrecer.
LA MADDALENA
Al norte encontramos un apéndice
de la Isla, esencia concentrada de Cerdeña en un pequeño archipiélago al que se llega mediante
ferrys que salen de Palau. El punto
de llegada es La Maddalena, pequeña
ciudad de aspecto colonial. Aquí tomamos la carretera panorámica que nos lleva por
pequeñas calas graníticas, de arena gruesa y rosada, hacia Caprera donde desde el monte Teialone,
cota máxima del archipiélago, tenemos las mejores vistas para ver el fulgor del
sol brillar en el mar y despedirnos agradecidos de la Isla.










No hay comentarios: