viernes, 4 de noviembre de 2011

VIAJE A CERDEÑA


Todos deberíamos tener un Paraíso. Un Paraíso que revivir desde la memoria, para sentir siempre la eternidad de un momento, de un color, de una brisa, de un olor… Cerdeña es una buena candidata.
Llegando desde el mar, su silueta de contornos suaves, recortada en el horizonte, nos invita hospitalaria a descubrir una isla, que por sus contrastes y riquezas merecería ser continente. Para ello es buena opción viajar en coche, con un plano y la paciencia de un tiempo infinito.

ALGHERO
Nos da la bienvenida el hermoso casco antiguo, que hay que recorrer de noche, con la luz naranja del alumbrado público, cuando la gente sale a pasear y ver tiendas, y entre el bullicio, en el puerto deportivo, con sus yates y veleros enfrentados a la muralla, antiguo referente de la Corona de Aragón, se encuentran tenderetes de artistas y artesanos. A poca distancia, la naturaleza del Cabo Caccia. El mar de fondo, los acantilados descendiendo hasta las calas y las nubes, orgullosas y majestuosas llamando nuestra atención.



IGLESIAS
Al dirigirnos a Iglesias, encontramos una vía panorámica, que ameniza los kilómetros, desde la que contemplar la espectacularidad de la costa. Casi por sorpresa aparece Bossa, perfecta composición pictórica. En lo alto las ruinas del Castillo de Malaspina, antiguo refugio contra la piratería, y en contraste a su firmeza pétrea, una sucesión de casas pintadas en colores pastel, estrechas y encaradas al río Temo, que llegan justo a su desembocadura. Dejamos atrás el yacimiento de Tharros, y encaramos las últimas curvas, acompañados por rebaños de cabras y antiguas edificaciones mineras oxidadas. En Iglesias se extraían minerales para el Imperio Romano, pero hoy en día las instalaciones están abandonadas y  asemejan  decorados cinematográficos. Todo lo contrario al centro, lleno de vida y pastelerías artesanales donde comprar biscottis que endulcen el viaje.



LACONI
La ruta, a través de valles de densa vegetación de breznos, castaños y avellanos, con la presencia de las montañas Gennargentu, con el trenino de vía estrecha que comunica Cagliari con Sòrgono bordeando la carretera, y con las muestras prehistóricas de la necrópolis de S’Acqua Salida y los mágicos nuragues, nos acerca a la máxima manifestación de la hospitalidad sarda. Laconi, sobre la cadena montañosa de Sacirdano, es un remanso donde encontrar todas las tonalidades del verde, donde pasear por el parque urbano Aymerich, con sus ruinas del castillo medieval, y donde charlar con la gente, a la puerta de casa, siempre con un licor de laurel que ofrecer.



LA MADDALENA
Al norte encontramos un apéndice de la Isla, esencia concentrada de Cerdeña en un  pequeño archipiélago al que se llega mediante ferrys que salen de Palau. El punto de llegada es La Maddalena, pequeña ciudad de aspecto colonial. Aquí tomamos la carretera panorámica que nos lleva por pequeñas calas graníticas, de arena gruesa y rosada, hacia Caprera donde desde el monte Teialone, cota máxima del archipiélago, tenemos las mejores vistas para ver el fulgor del sol brillar en el mar y despedirnos agradecidos de la Isla.



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