UN CAMINO DE SANTIAGO CÓMODO: RUTA PARADORES IV

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Es curioso cómo desde la ventana de un avión, el paisaje visto desde la altura adquiere un grado de abstracción que nos permite buscar asociaciones con otros paisajes visitados. Es lo que le sucede siempre al volar; es por ello que ahora, a mitad de camino de Barcelona, se ha abstraído de tal manera, que la perspectiva cenital que le confiere la ventanilla le ha llevado a recordar los cañones del Sil,  en la Ribera Sacra. 


Alojados en el Parador de Monforte, castillo y capricho de los Señores de Lemos, situado en la altura y divisando toda la ribera, antaño rodeado por una muralla, confortablemente, en un claustro vidriado al que dan las entradas de las habitaciones. La mañana que partieron de excursión amaneció con niebla; una niebla que se esparcía y se movía pesada, llegando su vaho desde la ribera justo a la ventana de la habitación superior con la que les habían brindado bienvenida a su llegada. Después de un breve paseo por el bosque aledaño de laureles y  una vez que se regocijaron con el desayuno abundante, partieron con el pequeño utilitario alquilado, fiel acompañante de la ruta.




Será la altura con la que vuela el avión lo que le lleva a recordar el vértigo de la carretera que recorrieron atravesando los cañones del Sil, barrancos verticales de vegetación con el Cabe al fondo serpenteando. Una carretera que les llevó a conocer  una Galicia rural, toda granito y musgo, con sus pazos e Iglesias románicas, como la de San Pacio de Diomondi o San Estevo deRibas do Miño, con sus capiteles de animales y cruces celtas y los cementerios aledaños. Carretera solitaria en la que sólo se encontraron vacas y a algún lugareño tímido, pastos y viñas escarpadas en terrazas ganadas a la montaña, esculpidas en la piedra, y horrios aún en activo.


Ahora en el avión, ya la señal de abrocharse el cinturón, le viene el sabor de esa tierra, sabor a Godello, a copa de vino blanco y el aroma a húmedad de los campos. Un tiempo inalterable en existencia rural y primitiva.


-¿Sabes?    

-Ha sido un gran viaje

Afirma cansada, con un leve movimiento de cabeza. Mañana vuelven a la rutina; después de todo, el lujo y el placer abundante no es nada bueno, o al menos, ese es el consuelo que queda ¿Consuelo o resignación?

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