UN CAMINO DE SANTIAGO CÓMODO: RUTA PARADORES I

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Viajes para otoño 

De vuelta de Santiago, en el asiento junto a la ventanilla, reflexionaba con la mirada perdida. No podía ser de otro modo, las ventanillas de los aviones son ideales para momentos introspectivos.

Aquel viaje por el Camino de Santiago alojándose en la Cadena de Paradores Nacionales había sido un viaje extraño, poco habitual en ellos. Realmente se trataba de un regalo de empresa más que de un destino elegido y debido al premio habían sustituido sus acostumbradas mochilas por trolleys de ejecutivo, de esos que tienen unas ruedecitas para poder tirar fácilmente de la carga. Habían conocido el Camino de Santiago más cómodo posible, de Parador en Parador, empezando por León, siguiendo  por Monforte de Lemos, Pontevedra, Cambados y, finalmente, Santiago de Compostela, conduciendo y cumpliendo con exactitud los hitos marcados en la Hoja de ruta que les habían entregado, sin despistarse por nada en el camino, con disciplina, sin dejarse llevar por los habituales cantos de sirena que generalmente escuchan.

No obstante, ahora, en su asiento reflexionaba con una sonrisa en el rostro, recordando con emoción algunas escenas vividas. Al fin habían sido días de felicidad y, ciertamente, de lujo, que no va mal del todo en alguna ocasión, aunque, después, si se alarga excesivamente, se convierte en una rutina pesada y algo vulgar, o, al menos, ese es el consuelo. Un lujo que  había provocado momentos de sonrojo. Como en esa ocasión, al llegar al Parador de León, el plateresco Hostal de San Marcos, una tarde de lluvia, en que el encargado les pidió las llaves del coche y ellos, ignorantes en ciertos usos del mundo de las cinco estrellas gran lujo, se miraron desconcertados sin saber cuál era el motivo por el que se las pedían, casi avergonzados del pequeño utilitario rojo en el que justamente podían adecentar los bultos que habían alquilado, poco agraciado en la comparación con otros vehículos que exhibían algunos de los clientes. Aún anda riéndose la estatua al pelegrino que se encuentra en la Plaza que da entrada al recinto conventual.

Tantos buenos momentos que tendría ocasión de ir recordando en el trayecto de vuelta a la normalidad…

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