París nevado (IV)

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Se nos ocurrió acercarnos al Hôtel de Béthune-Sully, que no se encontraba excesivamente lejos teniendo en cuenta lo lento que resulta andar sobre aceras que han desaparecido bajo la nieve. La Mansión privada estilo Luis XIII, con su patio ajardinado, seguro que estaría encantadora nevada. Y así fue, al llegar se cumplieron nuestras expectativas, que ya por entonces no eran pequeñas, esperábamos mucho de un París blanco. La nieve en esos momentos ya presentaba un grosor generoso y no pudimos resistirnos a hacer un muñeco de nieve. De pronto ese espacio arquitectónico de común tan serio se convirtió en un fantástico patio de juegos.

Hôtel de Béthune-Sully

Fragmento nevado de París

Humilde muñeco de nieve
Después de jugar con la nieve a uno  le queda, junto a la satisfacción infantil, un frío interior, una ropa que se ha mojado, unas manos que se han enrojecido y unos pies que se han helado. Situación que requiere un café au lait urgente, por lo que, corriendo (esto es mucho decir) nos dirigimos a Place des Vosges, poco nos importaron las galerías de arte que se encuentran bajo el pórtico, no por desinterés más era ya urgente encontrar algún café y sentarse junto a un buen calefactor. Así que entramos en el Café Hugo, por aquello de ser vecino antiguo de la Plaza y estar su casa museo cerca. Por supuesto, ya que estábamos en París y envalentonados por el calor de la taza, y dado que seguía nevando insistentemente, la lógica más aplastante nos obligaba a visitar la Tour Eiffel nevada… Y hacia allí fuimos.

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